Stranger Things: el retrato de una época

Stranger Things: el retrato de una época

Sin temor a equivocarse, uno puede afirmar que Stranger Things es una de las series más importantes de lo que va del siglo. Con el estreno de su tercera temporada, para la plataforma Netflix, los creadores de la serie, los hermanos Duffer, transportan al espectador al corazón de los 80, una década idealizada por esa generación que ronda actualmente el medio siglo de vida y en la que se hallan las claves para explicar los tiempos que corren.

    La temporada recién estrenada de Stranger Things es, además, la menos oscura de las tres y la que más apela al sentido del humor, incluso para romper y hasta resaltar los momentos de mayor dramatismo.

     Hay quienes ven en Stranger Things una serie infantil, lo cual es por demás injusto. Aunque los gustos y críticas de cada quien son respetables, aquí te damos siete razones para seguir las aventuras de Eleven y sus amigos.

  1. Porque recrea no solo las formas, los colores y la música de los 80, sino lo más importante: el espíritu de esa década. Como parte de un retrato de época casi impecable, los Duffer ponen énfasis en aspectos negativos de esos tiempos que muchos prefieren no recordar, como un despiadado machismo, una corrupción sanguinaria, la homofobia y un creciente consumismo, simbolizado por el esplendor de los centros comerciales, tan hambrientos de clientes como el Desollamentes de personas.
  2. Porque pese a que en esa época eran muy raras las heroínas, Stranger Things está llena de ellas, desde Eleven hasta Nancy, pasando por Joyce, Max, Robin, una joven lesbiana (algo muy mal visto en los 80), y Erica, una pequeña con inteligencia notable y conocimientos en ciencias y política. La serie, de hecho, cuenta con personajes femeninos que subrayan el trascendente pero poco valorado papel de la mujer en la sociedad.
  3. Porque mezcla con eficacia lo mejor, con todo y clichés, de las películas juveniles, de terror, ciencia ficción y espías de los 60, 70 y 80’s.
  4. Porque nos recuerda que en los 80 un niño podía ser feliz sin telefonía celular, dispositivos móviles ni redes sociales.
  5. Porque nos escupe a la cara que muchos de los problemas actuales se gestaron justo en esa época, cuando se impuso un consumismo desenfrenado ante la ya inminente caída del comunismo.
  6. Porque tiene diálogos memorables, como los de Joyce con Hopper, los de Erica con Dustin o los de Nancy con su madre. Y para los más románticos, queda ahí para replicar la carta de un padre a una hija adolescente.
  7. Porque deja más de un cabo suelto y deja la mesa servida para la desde ahora esperada cuarta temporada con todo y una pregunta obligada acerca de qué ocurrió en realidad con Hopper.
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