Perdón y reconciliación

Perdón y reconciliación

Cada vez que aparece el resentimiento, la herida se abre y duele, ese recuerdo de sufrimiento nos conduce a sentirlo de nuevo. Surge el deseo de la venganza por el daño que hemos creído nos fue infringido, desear sanar implicará dejar de querer vengarse y renunciar a las conductas destructivas contra quien nos hirió.

Dejar de manera definitiva el pasado, si se ha decidido vivir una vida distinta bajo la práctica del perdón, entonces será necesario liberarse del resentimiento al que se ha permanecido encadenado.

Es indispensable que la persona se haga consciente, comprenda que la ofensa no recayó en ella, sino que en ella se originó. El perdón depende de quien recibe la ofensa, por lo tanto, es un acto de libertad y responsabilidad personal el poder perdonar.

Comprender las propias equivocaciones, así como comprender a aquellos que nos causaron algún daño, nos permitirá reconciliarnos con nuestra historia y con los demás, al perdonar el primero que recibe liberación del perdón es uno mismo, para luego ir a la reconciliación con los demás.

Si es que buscamos la reconciliación sincera con nosotros mismos y con aquellos que nos han herido intensamente es porque queremos una transformación profunda de nuestra vida. Una transformación que nos saque del resentimiento en el que, en definitiva, nadie se reconcilia con nadie y ni siquiera consigo mismo. Cuando llegamos a comprender que en nuestro interior no habita un enemigo sino un ser lleno de esperanzas y fracasos, un ser en el que vemos en corta sucesión de imágenes, momentos hermosos de plenitud y momentos de frustración y resentimiento. Cuando llegamos a comprender que nuestro enemigo es un ser que también vivió con esperanzas y fracasos, un ser en el que hubo hermosos momentos de plenitud y momentos de frustración y resentimiento, estaremos poniendo una mirada humanizadora sobre la piel de la monstruosidad.

Discurso de Mario Luis Rodríguez Cobos «Silo» Jornadas de Inspiración Espiritual en los Andes 2007.

La persona que desea progresar psíquica y espiritualmente, debería estar dispuesta a reparar los lazos rotos con los demás, siempre y cuando no se produzca más daño, reconciliar situaciones que le lastimaron, reconciliar todo aquello que no le ha permitido tener una vida plena por la esclavitud del resentimiento.

Reconciliar, es reconocer todo lo ocurrido y es proponerse salir del círculo del resentimiento. Es pasear la mirada reconociendo los errores en uno y en los otros. Reconciliar en uno mismo es proponerse no pasar por el mismo camino dos veces, sino disponerse a reparar doblemente los daños producidos. Pero está claro que a quienes nos hayan ofendido no podemos pedirles que reparen doblemente los daños que nos ocasionaron.

Discurso central de Mario Luis Rodríguez Cobos «Silo» en las Jornadas de Inspiración Espiritual en los Andes 2007.

Buscar en lo profundo, para descubrir que no todo ha sido equivocado, que hubo momentos felices con los semejantes, incluso con aquellos por los que se haya sentido lastimado.

Perdonarse y perdonar, libera al individuo del penoso y tortuoso camino de la inútil culpa y la violencia del resentimiento, perdonar a los que se cree que nos han dañado, nos liberara de cargas emocionales perjudiciales, en el espacio psíquico mejorando la propia salud física.

Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas.

(McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).

«Regresa al mundo con tu frente y tus manos luminosas»

Yo que vuelvo luminoso a las horas, al día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría.

Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que, del abismo oscuro, renace a la luz del ansiado Sentido.

Mario Luis Rodríguez Cobos «Silo».

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