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No hay tiempo

7 mayo, 2019

Las personas de todo el mundo, en décadas pasadas, tuvieron el privilegio de ser dueñas de su tiempo. Tuvieron oportunidad de planear su futuro a largo plazo. Tomarse las cosas con calma, cocinar a fuego lento, no solo sus alimentos, sino también sus relaciones, la conformación de su familia, sus trabajos, sus sueños, sus asuntos de fe.

Por siglos, los pueblos y sus culturas se entretejieron y se fortalecieron con el lento paso del tiempo.

Conforme al avance de la modernidad, del progreso, el ser humano en todo el mundo se ha visto beneficiado en muchos aspectos de su existencia como: la comunicación, la calidad de vida y la facilidad para suplir con holgura sus necesidades básicas, así como en la búsqueda del confort de manera rápida y eficaz.

La bandera que enarbola la humanidad en este siglo XXI es LA VELOCIDAD: gracias a la comunicación, virtualmente se eliminan de las distancias, los tiempos de espera, y se propicia la solución inmediata de casi cualquier asunto. Por tal motivo, el cerebro humano se ha adaptado a este ritmo vertiginoso y la mentalidad de esta generación ha quedado programada para pensar y responder, ¡en segundos!.

Imagen: La mente es maravillosa

Dejando de lado los macro beneficios de la velocidad con que se vive el presente, pensemos en los costos de estas ventajas. Son muchos y muy lastimosos. Si pudieran enumerarse las consecuencias de la vertiginosidad con que se vive hoy, este artículo se extendería a varias cuartillas y en aras de la brevedad del tiempo que le dedicamos a leer; solo señalaré algo de estos resultados drásticos de la vida actual: la forma de conocernos, de comunicarnos, de interactuar y de amarnos se ha transformado en breves mensajes, íconos, imágenes, interpretaciones simbólicas, mucha superficialidad y poco compromiso.

En la alimentación predomina la comida rápida, igual que en las relaciones de pareja, «fast food», resolviendo las urgencias. Sí, pero dejando de lado todo lo importante para después. Todo lo que se cocina «a fuego lento» es de más provecho y óptimo sabor, de lo contrario se van perdiendo hermosas oportunidades de vivir intensamente.

La velocidad ha asesinado la paciencia y la frivolidad ha fomentado el individualismo.

Ojalá volvamos a disfrutar el paso del tiempo, las pausas, los pequeños instantes de la vida y que volvamos a valorar el privilegio de «tener tiempo» para vivir de verdad.

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