Mi hijo es gay

Mi hijo es gay

En esos momentos mi felicidad era tanta que pensé que nada podía empañarla; ni la muerte de la tía de Antonio pudo hacerme sentir mal, por lo que después de saludarlo me alejé de su compañía. Él no podía compartir mi felicidad como yo no podía compartir su tristeza.

Sólo ella, Doña Irene, pudo decirme algo que me enchinó la piel y me erizó el cabello. Pocas veces la he visto y platicado con ella, sin embargo ella me habló con una familiaridad, como si me conociera de toda la vida:

No, si los hijos somos unos egoístas, Lucy, –me dijo- mis hijas dicen que las abandoné porque me junté con don Alejo. Una de ellas tiene 7 meses de no hablarme porque nunca lo ha aceptado.

Pero yo nunca las abandoné, trabajé para ellas hasta que se casaron y cuando me vi sola decidí juntarme con él. Ha sido una relación bien bonita y los hijos nunca pueden entenderlo a uno.

Ahora que está enfermo mi Miguel, el mayor de mis hijos, mis hijas me dicen muchas cosas. Si él no les pide nada, además el pobre no puede trabajar, está supeditado a lo que yo le puedo dar, y aunque no termino de curarle una parte cuando ya se está poniendo mal de otra, yo no puedo abandonarlo porque a los hijos no se les abandona.

Mi hijo es gay, Lucy, y yo no me espanto de eso, pero las consecuencias de su homosexualidad son muchas; se inyectó aceite mineral para hacerse nalgas y senos, y bueno, el aceite busca salida, tiene que salir por donde sea y entonces la carne se le pudre, aún no termina de cicatrizársele aquí cuando ya está mal de una pierna, y así. Ahorita, se le alcanza a ver el hueso de una pierna. Un día de estos me va a poner un buen susto… un día de estos me va a poner un buen susto.

En ese momento alguien me invitó a bailar y dejé a doña Irene con su pesar. A mí me quedó un mal sabor de boca y la idea de que a los hijos no se les abandona.

¿Te gustó? compártelo.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Idiomas »