fbpx

#MeToo: La justicia en la era de la internet

#MeToo: La justicia en la era de la internet

El movimiento #Me Too cobró su primera víctima tras el lamentable suicidio de Armando Vega Gil. El bajista de la banda mexicana Botellita de Jerez, fue acusado en la cuenta de twitter por presuntamente acosar a una menor.

El músico se suicidó debido a los señalamientos, pero en su mensaje de despedida alega inocencia y afirma que la imputación es falsa. La tragedia genera una ola de opiniones y enciende un debate sobre la calidad del movimiento. La cuestión no es nada sencilla.

Armando Vega Gil, bajista de Botellita de Jerez

Las denuncias en #MeToo se hacen de forma anónima y en muchos casos han transcurrido años desde que ocurrieron los hechos. Esto bastaría para descalificarlo, sin embargo, el tema del acoso tiene mucho más de fondo.

Es innegable que todos los días muchas personas sufren acoso o algún tipo de violencia sexual. Las prácticas de hostigamiento, violación o la obtención de beneficios a cambio de “favores” sexuales son una práctica común en nuestro viciado ambiente.

Hay hombres y mujeres dañados por siempre debido a la mala cultura sexual y, peor aún, si a ésta se le une la «enfermedad» de muchos seres que no entienden un NO por respuesta y se creen con el derecho de someter físicamente a alguien.

Los perjudicados no denuncian a tiempo por vergüenza y porque los encargados de impartir justicia minimizan el tema o someten a los delatores a verdaderos calvarios para demostrar el crimen. Y si quien comete el abuso es alguien influyente o famoso, lo más probable es que el delito quede impune.

#MeToo surgió para dar voz a todos los agraviados y utiliza el enorme poder de las redes sociales para exigir justicia. En las redes no todos somos expertos en derecho y la mayoría nos creemos, irresponsablemente, jueces. Ese es el peligro de las cruzadas -o crucifixiones- como las de #MeToo.

Por muy loables que sean las intenciones, sin las pruebas contundentes no deberíamos tener el derecho de juzgar a alguien. Lamentablemente la tecnología de hoy permite crear circos mediáticos que cuestan vidas y carreras en ambos extremos del problema.

Pedir a las víctimas silencio sería un retroceso, es negar la realidad en que vivimos. El machismo existe, lo padecen en su mayoría mujeres, pero también implica que hay hombres abusados y mujeres que se aprovechan.

Los crímenes sexuales no pueden normalizarse y tiene que existir castigo para los culpables. Es necesario exigir que la sanción se lleve a cabo en las instancias correctas, con procedimientos eficientes, porque finalmente no hay mucha diferencia en acabar con la reputación de alguien en las redes o lincharlo en la calle, eso es cosa de salvajes.

Como sociedad hay que cambiar de mentalidad y erradicar ese cáncer de machismo que traemos en los genes, ahí está la raíz de estos delitos. No es asunto de feministas, a todos nos afecta, consciente o inconscientemente ambos géneros lo practicamos.

Ante la desgracia del suicidio lo primero que aparece es el discurso de odio y la perpetuación de la misoginia a la que incita el #MeToo de los hombres.

Hay que ser inteligentes y entender que no todas las mujeres son inocentes ni todos los hombres son violadores en potencia, eso también es equidad.  Lo que propone este nuevo #MeToo es una venganza barata, que no sirve de nada en estos momentos y sólo pone de manifiesto que nos falta un largo camino para alcanzar igualdad y sobre todo respeto. Ese largo andar a la civilidad costará, seguramente, muchas vidas más.

Compra y vende monedas digitales en México de manera segura.

¿Te gustó? compártelo.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

English Version