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Los ojos de Sor Juana Inés de la Cruz no han muerto

Los ojos de Sor Juana Inés de la Cruz no han muerto

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Los ojos de Sor Juana no han muerto en los ojos de la peste del siglo XVII.

Los ojos de Sor Juana no han muerto en las llamas de La Inquisición.

Los ojos de Sor Juana no han muerto en las piedras oscuras del barroco mexicano.

Los ojos de Juana Inés cantan en el corazón de La Historia.

Ahhh, Primero Sueño:… quedando a luz más cierta/ el Mundo iluminado, y yo despierta.

Ahhh, ¿En perseguirme, mundo, qué interesas?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento/ poner bellezas en mi entendimiento/

y no mi entendimiento en las bellezas?

Ahhhh, Detente sombra detente, de mi bien esquivo…

Ahhh, Sor Juana Inés de La Cruz, llama inquieta en el laberinto huérfano del barroco.

La voz de Sor Juana Inés de La Cruz es fuego perpetuo.

Los ojos de Juana Inés incendian la mirada de La Inquisición de ayer y hoy.

Los ojos de Juana Inés no mueren en los ojos de su padre:

Pedro de Asbaje y Vargas Machuca, quien jamás la reconoció como hija legítima..

1648. Noviembre 12. San Miguel Nepantla, Estado de México, nació Juana Inés…

Nacían los ojos que conmoverían al universo por sus ojos rebeldes, osados, valientes, atrevidos de abismo, ternura, horror y sueño.

Nacían los ojos de Juana Inés, hijos del asombro, el riesgo, la poesía, el teatro, las matemáticas,

la astronomía, la música… La duda… El peligro… El incesante afán de saber…

Nacía del vientre de su madre: Isabel Ramírez de Santillana…

Los ojos de la niña Juana Inés, crecían, crecían en asombro y sospecha.

A los tres años, enamorada de los libros… Sabía leer… Sabía leer… No podía creerlo..

Sabía leer a la edad de los tres años…

Los ojos de la joven Juana Inés crecían, crecían en lecturas y lecturas en la biblioteca de su abuelo.

Los ojos de la mujer Juana Inés, crecían, crecían en insmonios de lucidez y espanto.

Los ojos de Juana Inés crecían y crecían en el viaje espiritual a todo riesgo:

La música de su cráneo, la danza de su espíritu. El sueño matemático de su corazón.

Los ojos de Sor Juana Inés de la Cruz no han muerto en la ira del jesuita portugués Antonio Vieyra.

Los ojos de Juana Inés no han muerto en el castigo del Obispo de Puebla, Fernández de Santa Cruz.

Tuve que renunciar a mis amados libros, a mis instrumentos musicales…

Ahhhh, el dolor de no leer…

Ahhh, la herida de no abrazar los cuatro mil libros de mi biblioteca sagrada…

Ahhh, el silencio… El silencio sin música… El silencio también es música. ¿Escuchan?…

Ahhh, mi amado telescopio… No volver a observar la danza de las estrellas.

El silencio… sólo el silencio…

No, no y no, los ojos de Juana Inés, no han muerto en las cadenas del barroco mexicano.

No, no y no, los ojos de Juana Inés, no han muerto en las piedras oscuras de los tiempos oscuros.

No, no y no, los ojos de Juana Inés viven en la memoria de México y el mundo.

Juana Inés de Asabaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida como la décima musa:

Sor Juana Inés de La Cruz, vive en los corazones que aman la libertad.

Los ojos de Juana Inés no han muerto en el olvido.

No, no y no, los ojos de Juana Inés no han muerto en el cementerio de los dioses muertos.

No, no y no, los ojos de Juana Inés brillan en los tiempos hipermodernos:

Pero valor, corazón: porque en tan dulce tormento, en medio de cualquier suerte, no dejar de amar protesto.”

Los ojos de Sor Juana Inés de la Cruz no han muerto en los manicomios de la historia.

1695. Abril 17. Convento de Santa Paula, Ciudad de México, muere el cuerpo de Juana Inés,

a la edad de los 47 años…

Su poesía es canto infinito en los rostros del tiempo.

Ahhh, los ojos de Juana Inés son aves de fuego en los ojos del mundo.

JVJ

Abril 19-2019.

CDMX

16.49 hrs.

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