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Gaby Gutiérrez Sánchez, una luz brillante llena de amor por la vida y sus semejantes

Gaby Gutiérrez Sánchez, una luz brillante llena de amor por la vida y sus semejantes

Gaby Gutiérrez Sánchez pertenece a una familia de valores morales muy altos y de principios muy arraigados, sus padres son personas de mucho prestigio en la norteña Ciudad de Reynosa, Tamaulipas. Su Papá, el C.P. Osvaldo Gutiérrez, es parte de esas familias que provienen de la época de la fundación de la Ciudad mientras que su Madre, la Lic. Elsa Sánchez de Gutiérrez, nacida en Nuevo Laredo, Tamaulipas, al unirse en matrimonio echó firmes raíces en Reynosa, integrando una hermosa familia, muy querida, respetada y de mucho entusiasmo en el quehacer cultural de la Ciudad.

El. C.P. Osvaldo Gutierrez, su esposa Lic. Elsa Sanchez de Gutierrez y sus otras hijas Elsa Alejandra Gutiérrez de García y Daniella Izar Alston fueron los grandes y más amorosos apoyos que rodearon a Gaby durante los momentos mas cruciales de su experiencia de vida.

Amiga por muchos años de quien esto escribe, la Lic. Elsa Sánchez de Gutiérrez tuvo a bien contactarme con su hija Gaby, ya que la historia de vida de la joven es totalmente inspiradora de principio a fin. Sólo como antecedente a lo que Gaby en sus propias palabras comparte con nosotros, señalo un poco de su experiencia personal antes de que su vida diera el giro de 180 grados y que trajo con ello una Misión que ha tomado con mucho entusiasmo y alegría.

Gaby estudió Comunicación, Drama, Televisión y Danza en la Universidad Panamericana de Texas, así como el Idioma Francés. Estaba colaborando en Univisión 48, en McAllen y el Valle de Texas cuando los hechos se presentaron como a continuación, generosamente nos comparte en sus propias palabras:

“Durante mi infancia y juventud siempre fui privilegiada al gozar de mucha salud. Fui una niña muy activa, siempre en clases de baile y deportes como atletismo. A excepción de un resfriado ocasional, rara vez me enfermaba. Por eso es que cuando recibí un diagnostico de cáncer a los 24 anos, sin conocimiento de historial familiar hasta ese momento, decir que me sorprendí está de más.

Todo comenzó en el 2004 cuando note una pequeña protuberancia en la parte superior de mi clavícula derecha. En ese tiempo formaba parte de unas clases de danza contemporánea y creí que la bolita era una hinchazón causada por algún golpe durante los movimientos en el piso que hacíamos en clase.

En cuestión de días, comencé a notar otros cambios: no tenia apetito, me sentía extremadamente cansada, sufría de sudoración por las noches, y bajaba de peso tan rápido que en cuestión de un mes perdí 10 libras. Tiempo después, uno de mis doctores me dijo que todos esos eran síntomas de cáncer, pero antes de aprender eso, yo creía que lo que sentía se debía a estrés causado por la combinación de trabajar y estudiar en la universidad al mismo tiempo. Cáncer era lo ultimo que me hubiera cruzado por la mente.

Pero lo que no podía ignorar era el tamaño de la bolita arriba de mi clavícula que en cuestión de semanas creció del tamaño de un chícharo al tamaño de un limón. Todos en mi familia acordamos que eso no era normal y finalmente fuimos al doctor quien nos sugirió realizar una biopsia. Al concluir la biopsia, todos nos alegramos al oír que el tumor había sido benigno. Concluimos que todo había sido una falsa alarma y continuamos con nuestra vida normal sin sospechar que los resultados no eran correctos.

No mas de dos semanas después, el tumor que había desaparecido con la cirugía de la biopsia regresó en su tamaño más grande. Regresé con el cirujano para atender el problema  y respondió que probablemente era fluido retenido de la cirugía. Me aconsejó tomar anti inflamatorios y regresar con él si la hinchazón no mejoraba en 3 semanas más.

Pude haber seguido su consejo, pero mi intuición me decía que algo estaba mal, que necesitaba una segunda opinión. Así que en lugar de esperar tome la decisión de buscar otro doctor quien indicó que necesitaba una segunda biopsia. Esta vez la hinchazón ya se había recorrido a la parte superior de mi hombro derecho y se tuvieron que remover diez ganglios inflamados de mi cuerpo durante la cirugía. Para no dejar margen de error, esta vez los especímenes se mandaron a tres diferentes patólogos. Esta vez, el resultado de las tres patologías indicaron ahora que eran positivas de cáncer.

El tipo de cáncer que me diagnosticaron fue Linfoma de Hodgkins, etapa dos. Se origina en la sangre y afecta mayormente a adultos jóvenes y los ancianos. Es uno de los cánceres mas fáciles de curar ya que responde rápido al tratamiento pero a la vez, es uno de los que más rápido crecen si no se detecta a tiempo. Cuando escuché el diagnóstico en la oficina del oncólogo, lo primero que pensé es “Queé nombre tan raro, Linfoma de Hodgkins” y “¿Eso que es?”. No fue hasta que el médico mencionó que iba a necesitar quimioterapia y posiblemente radiación que me di cuenta que sonaba a un tratamiento que se le da a las personas con cáncer. Le pregunte al medico “Hodgkins Lymphoma es cáncer?” a lo que él me contestó que sí. Entonces, para estar segura, volví a preguntar “Entonces ¿tengo cáncer?” a lo cual contestó otra vez sí. 

He escuchado a gente decir que la ignorancia es sagrada, y en mi caso eso fue cierto en esta situación. Como no había conocido a nadie con cáncer y no había tenido interés en leer al respecto, nunca esperé lo peor porque no tenia ninguna idea preconcebida de todas las cosas malas que podrían pasar. Al contrario, pensaba que con que siguiera las indicaciones de mi doctor todo estaría bien.

Mi tratamiento empezó muy rápido después del diagnóstico: seis meses de quimioterapia, dos veces al mes. Estaba muy confiada de que iba a tolerar el tratamiento sin problema pero cuando los síntomas de la quimioterapia empezaron recibí un abrir de ojos. Me sentía exhausta, no tenia apetito, mi sistema inmune estaba bajo, tenía nauseas, cambios en mi metabolismo, el color de mi piel, y mi pelo empezó a caer rápidamente después de la segunda quimioterapia. Este último síntoma fue difícil en particular pues durante ese tiempo trabajaba como comunicadora en pantalla en la cadena de televisión local Univisión. Me preocupaba cómo iba a esconder mi enfermedad de la audiencia cuando se dieran cuenta que no tenia pelo. Usar peluca era una opción, pero me inquietaba que pasaría si la peluca se me cayera frente a las cámaras un día o que se viera muy falsa.

Mi esposo, Alejandro Tey, quien sólo era un amigo en aquel tiempo, me dio una gran idea: admitir en cámara que tenia cáncer, así terminando con el estrés de tener que esconderlo y convertir mi situación en una inspiración para los televidentes, algunos de ellos quizá pasando por la misma situación. Al día siguiente de recibir su consejo, revelé en cámara que tenía cáncer. Ese día, no sólo los televidentes descubrieron mi secreto, también muchos de mis compañeros de trabajo quienes hasta entonces no tenían una idea. En ese momento me quité un peso de encima. Compré pelucas pero en lugar de usarlas para pretender que era mi pelo real aproveché que ya no había un secreto y compré de todo tipo: rubias, cafés, pelirrojas, etc… si me daban ganas de sólo usar una pañoleta o un sombrero podía hacer eso también. Lo más gratificante de esa experiencia sin embargo fue que a partir de entonces me acerqué a muchos otros pacientes de cáncer, sobrevivientes y sus familias, quienes ahora me veían como parte de su grupo y así nació mi deseo de ayudar a quienes lo necesitaban.

Con la ayuda de compañeros de trabajo, la estación de televisión, amistades y mi familia creamos una fundación no lucrativa local llamada ”Unidos Por Ti” para recaudar fondos en beneficio a aquellos afectados por el cáncer que no contaban con los recursos económicos para su tratamiento.

Así también comenzó el inicio de mi carrera en fitness sin saberlo. Durante nuestros eventos de recaudación conocí a una instructora de ejercicios que ofreció organizar un maratón como recaudación de fondos para nuestra fundación. El evento fue un éxito y me di cuenta que el ejercicio no es sólo bueno para nuestra salud sino para unir gente de una manera que no había considerado antes.

Después de ese evento fui a visitar el estudio de esa instructora como cliente a la vez que continuaban los esfuerzos de nuestra fundación. Poco tiempo después, con el apoyo de mi instructora, decidí certificarme en el mismo programa que ella enseñaba, Zumba Fitness, y comencé a dar clases como pasatiempo.

Mi carrera profesional también dio un giro y después de cinco años de trabajar como talento de televisión, acepté una oferta para trabajar como Orientadora para Pacientes en el centro de cáncer de uno de los hospitales más grandes de mi comunidad. Esto me permitió unir mi fundación no lucrativa para enfermos a la fundación del centro de cáncer que apenas comenzaban a crear, ya que contaban con muchos más recursos y así podíamos ayudar a más gente.

Mientras tanto, entre más continuaba dando clases de ejercicio como pasatiempo más me daba cuenta que quería dedicarme al fitness tiempo completo algún día.

Después de cuatro años de trabajar en el centro de cáncer y ayudar a establecer su fundación y programas, mi deseo de alguna día dedicarme al bienestar es ahora una realidad.

Para mí, el ejercicio y la buena nutrición son una gran analogía a la batalla contra el cáncer porque todo se reduce a la fortaleza mental y actitud para seguir adelante. Esta forma de ver la vida se ha expandido aún más al después convertirme también en entrenadora personal y consejera de nutrición.

Cuando el ejercicio se me hace difícil o me siento a punto de darme por vencida durante un entrenamiento, sólo pienso en continuar, confiando en que puedo hacerlo, de la misma manera que lo pensaba cuando tenía cáncer y no tenía ganas de ir a la quimioterapia. Cuando dudo de poder realizar un ejercicio difícil me motivo a mí misma para enfrentar el reto, de la misma forma que me tuve que motivar cuando no sabía si podía enfrentar a mis compañeros de trabajo usando una peluca por primera vez. Cuando no estoy segura de poder terminar una sesión, me recuerdo a mí misma en enfocarme en el presente y no pensar en el después, de la misma manera que lo hacía cuando tenía cáncer.

Lo que más amo de todo esto es poder compartir este conocimiento con mis clientes. Me gusta decirles que el hacer ejercicio no es sólo un beneficio físico sino mental y emocional también. El movimiento físico nos ayuda a conectar nuestra mente, cuerpo y alma, en formas que necesitamos conectar para situaciones de vida en general, incluyendo situaciones como el cáncer.

Algunas personas me comentan que cuando doy clases siempre tengo una sonrisa en mi rostro y eso puede ser porque de verdad disfruto lo que hago pero también porque reconozco lo bendecida que soy en gozar de salud ahora.

Sé que mi experiencia con el cáncer puede sonar muy afortunada comparada con otros que quizá no han tenido el mismo pronóstico que yo tuve. A diferencia mía, algunos pacientes de cáncer no cuentan con acceso a cuidados médicos y apoyo moral de familia y amigos, pero la actitud positiva siempre es necesaria independientemente del obstáculo.

Está médicamente comprobado que el vivir una vida sana reduce los riesgos de padecer enfermedades crónicas como el cáncer y para los que ya han sido diagnosticados eleva las posibilidades de recuperación.

Desde mi diagnostico de cáncer he tenido dos biopsias más por tumores sospechosos, uno en el seno, y otro en la tiroides. Afortunadamente, ambas biopsias resultaron ser benignas y con más de diez años de no tener ninguna recurrencia, se puede decir que prácticamente estoy curada.

Creo firmemente que mi experiencia como instructora y entrenadora tiene mucho que ver con el giro positivo que mi salud ha tomado. Esta profesión me motiva a llevar un estilo de vida saludable, a ser fuerte mental, espiritual y físicamente y lo más importante, me permite ayudar a que otros se sientan igual: fuertes, saludables y bendecidos”.

Agradeciendo infinitamente la forma tan natural y bondadosa con que Gaby nos comparte su experiencia confirmamos que su historia es una historia de luz, que puede bien iluminar de esperanza el camino de personas que han recibido diagnósticos que agobian de angustia pero que al leer sus palabras pueden registrar en sus mentes y en sus corazones que una enfermedad como el cáncer, diagnosticada a tiempo y tratada de inmediato puede ser vencida, sobre todo cuando se afrontan situaciones difíciles con actitudes de lucha, con acciones positivas y con decisiones determinantes de no permitir que el abatimiento se instale en uno, sino todo lo contrario, vencerse a sí mismo para tener la capacidad de vencer la enfermedad, Mil gracias, Gaby, y que esa alegría y espíritu altruista te llene de Bendiciones por siempre.

Invitamos a nuestros lectores a visitar la Pagina de Gaby, a fin de que la conozcan de una manera más personal, y se contagien de ese gran entusiasmo que demuestra cada segundo de su vida.

Las redes sociales de Gaby son:

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Y su Pagina de Internet www.gabyfitness.com

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