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El Chapo: la guerra que no ganamos

El Chapo: la guerra que no ganamos

Ocho años de guerra contra el narco sólo habían empeorado la situación. En 2006, el año en que se declaró oficialmente el conflicto, había la presencia de cuatro cárteles, en el 2014 los cárteles eran nueve.

Las sospechas del fraude electoral de 2012 y la inconformidad de la población civil por las reformas estructurales eran palpables. Para enfatizar en el tema, según el medio Este País, Felipe Calderón tenía una aprobación mayor al 60%, en 2011, de forma contraria, Peña Nieto tenía el 39% de aprobación en 2013 según Reforma.

Es ahí donde era necesaria una medida redentora.

Ahora nos transportamos al 22 de febrero del 2014.

Lo que empezó como la victoria que sanaría la imagen del gobierno se volvió en otro clavo en el ataúd de la confianza presidencial.

«El Chapo» cayó preso nuevamente gracias a un operativo conjunto entre las autoridades de México y Estados Unidos.

«Dios mío, eres, tú…», dijo Víctor Vázquez, agente de la DEA, quien veía a un hombre de baja estatura, perfil bajo, en ropa interior e hincado ante él.

Sin embargo, la corrupción había metido sus narices. Durante el operativo, los agentes de la DEA decidieron trabajar por su cuenta en Cualiacán, donde lograron el cometido. El motivo era claro: por incompetencia o por colusión, las autoridades mexicanas eran demasiado corruptas para trabajar con la Agencia Antidrogas.

Presidente corrupto; sobornado, según sabemos por las declaraciones recientes del líder de Sinaloa. Policía corrupta según la DEA. Cárceles mal cercadas y todo un sistema de sobornos en el gobierno.

La guerra contra el narcotráfico no había servido de nada, eso nos quedó muy claro cuando «El Chapo» volvió a escaparse el 11 de julio de 2015 en un perfecto movimiento. Esta vez, el narcotraficante se huyó de Almoloya, haciendo uso de un minucioso y muy bien equipado túnel.

La corrupción estaba en el aire, no había otra forma de explicarse una huida similar, tan bien sincronizada. Tanto guardias como constructores, supervisores, arquitectos e ingenieros formaban parte del plan del capo. El crimen estaba más organizado que el gobierno.

Finalmente, todo terminaría el 8 de enero de 2016 con la tercera y última captura del capo, luego de que Peña Nieto admitiera sus errores y luego de un nuevo despliegue. El gobierno mexicano no podía librarse del rey del crimen, debía cederle la responsabilidad a Estados Unidos y así lo hizo.

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