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Discoteca: álbumes nuevos de Ladytron, Boy George y Oh Land

Discoteca: álbumes nuevos de Ladytron, Boy George y Oh Land

Ladytron

El cuarteto vuelve a la actividad tras 7 años de no soltar nada inédito, ahora totalmente enfocado al pop de sintetizadores. Hay ciertos espacios en donde dan cabida al post punk que los hizo populares a comienzos de siglo, pero son chispazos.

Esta movida sale bien si tomamos en cuenta que son más accesibles para las nuevas audiencias y que refrescan su estilo sin perder brío, pero es evidente que quienes consumen su música desde hace muchos años podrían sentirse decepcionados por el giro.

Sin embargo, las ganas de no dejar fuera nada de su nueva faceta hacen que el LP se extienda más de lo debido. Aunque no entramos a territorios cansinos, sí nos topamos con piezas innecesarias que cumplen un papel de relleno. La contundencia aparece radiante, no así la concisión.

Boy George

El británico y Culture Club vuelven cargados de una mística totalmente alejada del erotismo y el juego sensual que les escuchamos una y mil veces en los 80. 20 años pasaron para que George Alan abrazará en su totalidad su espiritualidad, misma que le llevó a expresar su amor por la vida y todo a su alrededor.

El retorno tiene de todo. Aunque está ligeramente inclinado hacia el ska y los ritmos bailables, no por eso descuidan las ansias de reconocer la necesidad de un ser superior a quien agradecerle por tanta energía. Lo maravilloso es que lo enfrentan como una entidad con la que estamos en contacto todo el tiempo, no como un ser a quien rendirle cuentas.

De lo que se trata ahora es bailar con la felicidad en el rostro, los ánimos de contonearse al ritmo del universo por el simple pretexto de estar vivos.

Oh Land

Armada exclusivamente con un piano, la danesa nos presenta su lado más íntimo, como una especie de purga del que nos hace partícipes tras el éxito logrado con su primer trabajo hace 5 años.

En 12 tracks somos testigos sonoros del proceso de recomposición de una mujer que le apostó todo a su carrera y que hoy necesita rehacerse para moverse a nuevos territorios. De este modo, nos ofrece una propuesta totalmente lúdica y desprovista de un interés de altos vuelos. Es más invitación a entender el dolor como un modo de crear.

La también productora se pone en el aparador y se desnuda para conectar con nosotros, aunque lamentablemente no ocurre del todo.

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