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Author: Firuze (María Esther Amador Gómez)

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Carta al amante ausente
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Carta al amante ausente

El sol llega al lugar en que me encuentro, pienso en que precisamente la belleza de un rayo de luz vespertino ha inspirado a muchos escritores. Pienso en lo que hablamos a noche y tu recuerdo invade todo mi ser. Pienso en tus maneras de envolverme, en la facilidad que tienes para llamarme tan inesperadamente,...

La comida más importante del día
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La comida más importante del día

Para Olivia, la  comida más importante del día es el desayuno pues ella está cuidando su salud y como muchos, sigue el refrán: “Desayuna como rey, come como príncipe y cena como un mendigo”.  Así es que, para empezar un jugo de naranja, zanahoria o toronja, después su yogurt con fruta; de plato fuerte un...

La cama
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La cama

La cama es un mueble asociado a dos necesidades imprescindibles del hombre: el amor y el descanso. Es innegable que estos aspectos pueden transformarse en pasiones, perversiones y a veces en enfermedades asociadas a un mal cada más frecuente el insomnio. La cama recrea tantos sucesos de nuestra vida que al hablar de este preciado...

El reloj
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El reloj

A las 10 de la mañana por fin pude ver el reloj al subirme al coche. Una hora después de mi hora de entrada y todavía me faltaba recorrer el camino para llegar a mi centro de trabajo. “Si tengo suerte, media hora”, pensé, pero el tráfico urbano que cada día estrangula más el tiempo...

Mujer al volante
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Mujer al volante

Me lo dijeron muy claro cuando aprendí a manejar: “¿Querida si estás acostumbrada a la amabilidad masculina, a que te cedan el paso y sean cordiales y atentos contigo? ¡Olvídalo! Tienes que saber que rara vez te van a dar el paso y que no faltará quien te insulte por el solo hecho de ser...

Mi hijo es gay
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Mi hijo es gay

En esos momentos mi felicidad era tanta que pensé que nada podía empañarla; ni la muerte de la tía de Antonio pudo hacerme sentir mal, por lo que después de saludarlo me alejé de su compañía. Él no podía compartir mi felicidad como yo no podía compartir su tristeza. Sólo ella, Doña Irene, pudo decirme...

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