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Anécdotas del Trabajo: Querido Ricky

6 julio, 2019

Solía trabajar con cierto tipo de personas, del cual he visto incidentes a granel. Para mantener los cosas anónimas, vamos a referirnos a este tipo de empleado con el nombre de Ricky. Este Ricky en particular es del tipo que te hace dudar tus propias facultades mentales en ciertas cuestiones tales “¿cómo sobreviviste lo suficiente para llegar a ser adulto?”. Perdón que esto suene descortés, pero hay ese tipo de personas, ese tipo de Ricky.

Un día comencé a tener este tipo de preguntas en la cabeza. Durante un tiempo me gustaba pensar que yo era tercero al mando en la cocina, en el turno de la mañana; había poco personal en ese entonces, y era de los pocos dispuestos a trabajar los domingos. Llegaban las entregas, pero tenía que hacer el inventario en el sótano donde tenemos los congeladores, así que Ricky se encargó de recibir y confirmar las cosas que habían traído. Para cuando terminaba el camión se había ido, alrededor de 2,500 Dólares Canadienses en productos que poner en su lugar. Yo me encargué de la linea de preparación, hornos, y estufas, dejando que Ricky se encargara de poner las cosas en su lugar. Logré terminar a tiempo para ayudarle, minutos antes de abrir, y según lo que había visto todo parecía estar bien. 
Horas después bajé a los congeladores por una caja de tocino, para que el vespertino lo pudiera usar. Ahí encuentro algo interesante que, juré, no estaba ahí antes. Lo saqué junto con el tocino y, habiendo leído la orden, me aproximé a Ricky y le pregunté: 

“Ricky, ¿Por qué hay una caja con botellas de salsa picante en el congelador?”.

Su respuesta: “Bueno, es que decía Wings (alas, en inglés) en la caja.”.

Él apuntó al logotipo al lado angosto de la caja, y efectivamente, el logopito leía “RedHot Wings”. El problema es que si mirabas abajo de esas palabras también encontrarías la palabra “sauce” (salsa/aderezo), y si girabas la caja al su lado mas ancho explica claramente en una de las esquinas que el contenido son botellas de salsa. Y para acabarla, habiendo leído la misma orden de entrega, él había tachado la caja como recibida, y en ese mismo renglón lo categorizaba como “condimento”, así que no sabría decir cómo pudo alcanzar esa confusión. Pero bien, Ricky solo ha estado aquí por dos semanas, a lo mejor no está como quien dice “aclimatado” al ritmo de la cocina, hay que tenerle paciencia.

Esto ocurriría un par de veces más, semanas después. Y les aseguro, hubo muchas ocurrencias más el transcurso que estuvo con nosotros. Quizás demasiada para decir en un solo artículo.

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