Al primer amor

Al primer amor
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Seguramente usted no me recuerda. Continuó su vida sin hacerle falta mi presencia. Pero hoy en estas líneas le haré saber lo que usted al parecer no pudo antes comprender.

Quizás alguna vez en esos días que pasamos juntos se percató de lo que mi corazón sentía…sus ojos muchas veces se toparon con los míos, pero los suyos, hoy entiendo, no mostraban amor.

Mas ahora es para mí imperante hacerle saber lo que en ese tiempo usted no fue capaz de comprender. Soy juiciosa y hasta cierto punto razonable, pero estas palabras no podían apresurarse tenía que pasar tiempo antes de comunicarle lo que en ese entonces por usted sentí. Al marcharse usted yo seguí enamorada, no de sus miradas, ni tampoco de sus palabras… tan solo del recuerdo. Admito que muchas noches usted fue el protagonista de mis sueños. Mi mente hasta hace poco lo recordaba como si los años que han pasado no fueran los veinte que el tiempo contara.

Mire usted, últimamente encontraba en mí más aferrado su recuerdo, y ese delirio comenzó entonces a ser insoportable. No me mal entienda, pues no es mi deseo que estas líneas perturben su consciencia ni lo hagan sentir pena o pesar alguno. Y si acaso está pensando que si en estos años no había podido apartar su recuerdo del mío tal vez sea porque probablemente haya algo mal en mí…recuerde que usted también, aunque nunca me lo dijo, tuvo por poco que haya sido una especie de amor hacia mí. Podría pensar que usted ha convertido aquellos paseos y largas charlas en olvido. Usted, quien tomaba mi mano y abrazaba mi cuerpo. Sí, usted, que a saber de un día ya no buscó ni mi mano, ni mi cuerpo… Al no saber dónde buscarle, porque sepa usted que lo intenté, por unos días me vi obligada a renunciar a la vida diaria. Muchos días con sus noches pasé en el olvido. Mas a propósito: sepa usted que no le culpo, que no habla el odio, ni la ira, ni el enojo. Soy ahora una persona que al pasar de estos años se ha convertido en una mujer hecha y derecha. Que no ha necesitado el amor para sentirse realizada y que tampoco su recuerdo fue obstáculo para que el amor entrara. Debo confesar, que en varias ocasiones traté de abandonar la añoranza dirigiendo mi atención hacia algunos pretendientes. Cuando supe que ya no podía enamorarme solo a usted culpé. Debo expresarle que mucho tiempo pensé eso. Y en las noches de desvelo, aquellas en las que estuvo tan presente, consideré lo que había salido mal. El porqué de su partida o el desinterés hacia mi vida. Quise, por no querer soltar su recuerdo, engañarme pensando que usted era el culpable de mi falta de enamoramiento, mas como el de todas las personas mi corazón es capaz de sentir amor, por eso supe que su recuerdo no era el problema. El asunto era yo: aunque mi corazón amaba, no podía albergar por mucho tiempo el sentimiento, así que ¿para qué perder el tiempo? Tanto mío como el de los pretensos.

Hoy le digo que el amor que le tuve, el amor que guardé por demasiado tiempo al ya no recibir atención se ha vuelto entonces rancio, emanando un dulce olor a muerte y no dejándome otra opción se ha quedado ya de lado, tirado en el lugar de donde no se vuelve jamás. Desde hoy en las palabras su recuerdo también queda plasmado en blanco y negro. Le devuelvo en estas líneas los veinte años de recuerdos y satisfecha de haberle confesado mis más íntimos sentimientos se libra ya por fin la memoria…su recuerdo se aleja…  y no trataré de detenerlo.

Habría que decir algo más a usted: que, si acaso conservó algún recuerdo o algún sentimiento, sírvase sentirse liberado, desatado de cualquier alusión que acaso tuviera de mí. Y concluyo con que si usted no lee nunca estas palabras será porque así el destino exigió, sin embargo, acaso alguien las leerá… así que no hay que apurarse por nada. Ya los dos hemos sido liberados.

FIN

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