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La Redacción

Una charla sobre el amor

16 enero, 2020

Una charla sobre el amor… Ni siquiera es algo que tengamos o que creamos o que sintamos. Es algo que existe y sólo creemos saber que sabemos que es, como se comporta y manifiesta. Es tan puro que no depende de una contraparte, no puede ser enjuiciado; cuando es  auténtico va más allá del bien y del mal, es independiente a tal grado de que no puede ser condicionado, no tiene dueño, es residente en infinitos cortos y solo es pasajero para nuestros sentidos.

Él es inmortal, nada ni nadie puede hacerle daño o eliminarlo, pero cambia de lugar a un lugar inalcanzable evitando que cada vez sea más complejo tenerlo cerca o interactuar con él; es inmutable. Se mimetiza con su entorno; perdiéndose entre emociones y circunstancias y sentimientos y esto hace que no tengamos idea de su presencia.

En esencia, es y será una letanía eterna y perfecta hacia un ocaso. Cuando lo percibimos es necesario saber la perfección con la que este nace, sin condiciones, ni lujos, ni errores, ni tiempos, ni espacios.

Es inmedible; y tratar de medirlo sería renunciar a la pureza que ofrece a nuestros sentidos. Lo único que te permite poseerlo por un momento es expresar de manera desesperada por cualquier medio la magnificencia con la que este se manifiesta, a sabiendas de que aun así siempre será un intento burdo.

No tiene ningún objetivo ni sentido, su existencia es un misterio, su fin es temeroso y agresivo y aun así, lo deseamos, pues, cuando el veneno es más rico que el antídoto, se aprende a vivir envenenado.

Levantó la mirada después de su argumento y mirando a sus ojos – que le robaban con cada parpadeo la inmensidad a la luna- cerró su discurso encendiendo un cigarro, rozando una de sus manos con sus mejillas de mármol, pensando por un momento, que así se sentía Donatello al tocar por primera vez su materia prima. … Y estas fueron sus últimas palabras:

“No puedo decir que te amo, pues no es algo que yo controle o sienta. Tampoco puedo decir que te doy mi amor, pues no puedo entregar algo que no es mio. Siquiera estoy seguro de que puedo hacer.

Sin embargo, te lo presto para que lo degustes, y servido para una diosa, como la ambrosía, quiero que en algún momento puedas saborear este gran banquete que te presento en la eternidad, pues solo una inmortal es digna de probar una manifestación inmortal.

Y ya en su existencia, en vano serán los intentos de eliminarlo o cambiarlo ya que no se trata de un objeto. Tan inderrocable  es, que aun en mi muerte  seguirá vivo en mis letras y música y palabras, en mis silencios, gritos y mis vicios; en ti.

Tan pesado es, que ni el tiempo ni el espacio lo podrán mover a un lugar inalcanzable. Aunque todo se metamorfosee y la distancia sea el síntoma de una locura exuberante éste se mantendrá intacto. no habrá privatización, estará a expensas al alcance de tu Ser.

Y por muy violento que sea, no intentaré domarlo, pues libre y sin permiso nació y así existirá, como un renegado. Solo necesito hacer una última intimación al haber interactuado con él tantos infinitos sin siquiera saberlo: No importa que hagas con él, como reacciones o que intentes hacerle, no es importante para él que hagas.

Al final, y por siempre, habrá algo de él en ti, le llames como le llames, esa pequeña chispa existirá de forma particular; Pues mientras más profundo y oscuro sea el espacio y tiempo del abismo, más intenso será su brillo. Mi Amor.”

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