Recomendaciones literarias: novelas difíciles -parte 1-

Recomendaciones literarias: novelas difíciles -parte 1-
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Si quieres poner a prueba tu capacidad lectora has dado con el artículo indicado. Presento una opción para aquellos lectores que están cansados de los libros predecibles.

«¿Pero qué acabo de leer?»

Buena forma de cerrar un libro ¿no? Con esta expresión doy por terminada mi más reciente experiencia lectora. Aquel viaje de 167 páginas a lo largo de El astillero de Juan Carlos Onetti. Al autor le bastaron dieciocho capítulos para sacar al lector de sus casillas y dejarlo desconcertado ante un texto que resulta inclasificable.

El adjetivo que encuentro más adecuado para definir esta novela ─me avergüenza apuntarlo aquí, pero mi capacidad crítica no da para más─ es el de «raro», «anómalo». Pero decir que El astillero es un libro raro es no decir mucho, o peor aún, es no decir nada en absoluto.

Hasta antes de El astillero, en todas las novelas que había leído, era manifiesto el deseo del autor por captar la atención de sus lectores: el escritor busca que el lector quiera cambiar de página y avance siempre, hasta la última página.

Este no es el caso de Juan Carlos Onetti. Avanzar por su novela, publicada en 1961, es una invitación a la renuncia, a aceptar que los hechos carecen de sentido. Dicen que la esperanza muere al último, en El astillero aparece la menos viva de todas las esperanzas, una moribunda, lenta, gris y agónica.

Portada de El astillero, en una edición reciente de Seix Barral.

¿De qué trata?

Sería inútil hablar sobre la trama de la novela (un día Larsen llega al pueblo de Santa María luego de cinco años de exilio. Larsen, apodado anteriormente Juntacadáveres, intenta seducir a Angélica Inés Petrus, una mujer con discapacidad mental, pero cuyo padre, el señor Jeremías Petrus, es un acaudalado empresario. El viejo Petrus está enloquecido, habla de grandes fortunas que en realidad no existen, y pronto Larsen se da cuenta). Me basta decir que su autor no busca elaborar tramas complejas, repletas de personajes nobles, admirables; escenarios bellos, memorables… por el contrario, aparecen seres mezquinos, inmorales, codiciosos, desinteresados, muertos en vida desde mucho tiempo atrás, sin pasado ni porvenir y cuerpos degradándose en el presente.

Es difícil leer una novela gris, nublada, insegura, donde los hechos son dudosos, opacos. Un libro donde no caben ideas, donde sólo hay espacio para una narración cruda, arrojada al papel sin consideraciones.

¿Por qué leerlo?

Hay que leer El astillero para ponernos a prueba como seres humanos y como lectores. Me atrevería a decir que nadie acabará el libro con una sonrisa, pero sí con el entusiasmo de haber terminado una novela difícil. El astillero puede funcionar como un perfecto detonante de nuestra reflexión y análisis

¿Acaso no hacen eso los grandes libros?

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