#Metoo y el adiós a Armando

#Metoo y el adiós a Armando

Hoy escribo de tristeza, porque no puedo quedarme con esto que siento.

Hace unos días, el mundo de la música se vio tristemente afectado por la pérdida de un gran músico, un hombre que se dedicó la mayor parte de su vida a hacer lo que le apasionaba: escribir, tomar fotos y hacer música. Fue fundador, escritor y vocal de una banda icónica de los años 80, Botellita de Jeréz, una agrupación llena de música del barrio, con letras que nos ganaba la risa. Las coreábamos en fiestas, en una visita al Chopo y ahora por redes sociales.

Una de esas bandas que nos perteneció a la generación X, que heredó la libertad de crear gracias a la anterior, la de los hippies, la de la revolución de pensamiento, la del amor a todo, la de hacer las cosas con pasión. Dejamos de ser cuadrados y nos volvimos de todo, nos transformamos y hasta la fecha nos seguimos adaptando a los cambios de la siguiente generación, pero creo que tanto cambio ha llevado esto a un descontrol.

Llegamos a una generación enojada, sensible, a una que no tiene media, sólo blanco y negro, que se siente con el derecho de juzgar y poner etiquetas de una manera drástica, sin detenerse a pensar en los demás y en las consecuencias. Tiene las redes sociales con las que pueden escudarse detrás de anonimatos pusilánimes, que arrojan piedras y “alzan la voz” en pro de causas de las que ni siquiera conocen sus inicios, sus bases, sus principios. Son la cultura del copy-paste y que pocos, muy pocos -por que no voy a generalizar-, se han dado a la tarea de seguir hilos en Twitter e interactuar como si a ellos les afectara o les hubiera pasado.

Convivo con esta generación muy de cerca, no sólo por mis hijos, sino por que también soy una usuaria asidua de redes sociales y veo que hay muchos que investigan y publican sus análisis en varios medios.

Nuestro querido Armando Vega-Gil, del que hoy les hablo, se suicidó. Tomó una decisión muy difícil y llegó a ella, tal vez, no sólo por una acusación anónima que destrozó su reputación, su carrera forjada por años de esfuerzo y pasión, se puso en entredicho toda una vida, llegó la desvalorización de sus nuevos proyectos, se dudó de su palabra, de la veracidad de hechos sólo con unos cuantos caracteres, sólo con un movimiento que al final cerró su cuenta no sin antes darle el tiro de gracia a otros muchos artistas, un movimiento llamado #MeTooMusicosMéxico, del cual he escuchado la opinión desde Marta Lamas hasta la de Niurka.

Mi opinión tal vez no sea la más valorada pero no me quedaré sin externarla: el feminismo de ahora no tiene nada que ver con el que vi en una Jane Fonda o en una Marie Curie, o en una ama de casa de esas que les llaman luchonas y guerreras, esas que no tienen un micrófono ni un medio para dar su opinión y que son las más y a veces con mucho más peso en sus argumentos. Espero que un día tengan ese foro ellas también.

Hay un feminismo que se ha quedado en casa, guardado por miedo a ser atacado por las que se muestran desnudas, calvas o bailando ridículamente, esas que gritan enojadas en la calle, y no digo que no sea la manera, pero a mi parecer, uno pelea por algo que ama, y si lo amas es contradictorio hacerlo con odio, con coraje, pero sobretodo, hacerlo con la cobardía del anonimato.

El movimiento que he visto en Hollywood, por ejemplo, donde todas y cada una dio la cara en su denuncia, es distinto al que llevó a Armando del otro lado de la balanza. Creo que esa fue la gota que derramó el vaso y es que en realidad nadie puede asegurar nada en este caso en específico.

Voy a terapia con un psicólogo desde hace dos años y no me avergüenza decirlo, es más, lo presumo cada que puedo y siempre lo recomiendo. Yo también intenté el suicidio hace unos años, pero hubo alguien que se dio cuenta y me llevó de inmediato al hospital. El caso de Vega-Gil no fue igual. Lo anunció, pero no tuvo la misma suerte que yo.

Quiero hacer énfasis en que no hay forma de salir solo de la depresión. Se necesita ayuda. Cuando alguien me decía échale ganas, pensaba: esto no es como pintar una pared, en el que le echas ganas y acabas antes la tarea encomendada. En el caso de una depresión va más allá de las ganas. Es algo que nos hace falta y muchas veces no sabemos cómo decirlo, no sabemos cómo pedir ayuda o la pedimos y no saben cómo ayudarnos.

Hace poco leí que hay estudios que indican que los artistas son más sensibles y propensos a la depresión. Los músicos, los escritores, los pintores, los que hacen cine, en fin, los artistas, sentimos, vivimos con las emociones a flor de piel y eso es lo que nos lleva a crear, a decir con un libro, con una canción, con una obra de teatro, con un sinfónico, con un poema en fin con esas cosas, lo que muchos quisieran decir, lo que hace que otros se muevan, bailen y hasta lloren, pero también nos lleva a abismos muy profundos y muy oscuros, cómo ese abismo en el que se fueron los del club de los 27 o como este caso en específico.

Conozco ese medio, fui manager de una banda y en muchos de los casos los after o las fiestas de las que hablan, como si fuera Sodoma y Gomorra, no son precisamente así: hay alcohol, a veces drogas, a veces nada de eso, solo té y café o energetizantes, porque la adrenalina del concierto los deja acabados. Van las bandas que tocaron con algunos agregados culturales y amigos de amigos a casa de alguien, a veces salen de ahí directo a su hotel porque vienen de un viaje de más de ocho horas en una camioneta donde debían caber no sólo ellos, sino otra banda y todo su equipo. Vienen apretados, sudorosos o con frío. Sólo pararon para cargar gasolina e ir al baño y lo único que necesitan es dormir. No siempre son esas cosas bárbaras que pintan en las películas, pero a las que todo fan quiere ir e imaginan que son como las fiestas que hacía Freddy Mercury. Ya saben expectativa-realidad.

Tenemos muchas cosas por hacer como sociedad, como valorar a los que se atreven y hacen movimientos con causa, pero hay que ver desde dónde los hacemos. Todo comienza en casa, donde formamos a las generaciones que ahora ya se les etiqueta con nombres. Hay que darles valores, a veces les hace falta atención, a veces menos odio porque el padre no está dentro de lo que debería ser la familia, o por que mamá trabaja de más y no puede ver que hay un problema, donde no se odia a nadie por ser del sexo contrario y se pide permiso para tomar algo y no se obtiene con un berrinche.

La salud mental debe ser obligatoria y no un tabú. Da miedo saber que si alguien dice que va al psicólogo se le tacha de loco. Insisto en la parte del amor, por que el amor te ofrece alternativas, el miedo no, y he ahí los resultados.

Hagamos un ejercicio: veamos series de ficción como Black Mirror -por ejemplo- y vean que línea delgada hay entre esa ficción y la realidad o futuro cercano. La línea es muy delgada como la piel de todos esos que usan las redes para insultar, desacreditar, y demás. Vamos a darles un uso con valor, uno de esos donde nos dejamos de divisiones y le agregamos valor al verdadero motivo: a la causa.

Esto comenzó para combatir la violencia contra la mujer y con situaciones como ésta se le restó valor. El verdadero objetivo ha quedado suspendido y todo por una persona que quería llamar la atención, quería formar parte de algo, o tal vez le pasó algo y no tuvo las palabras adecuadas para nombrarlo y le dio un empujón a alguien que estaba pasando por algo muy feo y lo remató.

Vamos a hacer ejercicios de conciencia y de visualización y ver hasta dónde podemos llegar con unas cuantas palabras.

Me gustaría que me digas qué opinas de todo esto que como sociedad acabamos de vivir. No le pasó sólo a una persona, nos pasó a todos.

Que las letras sean.

 

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La RedacciónPaul RomaRobertoMaría Recent comment authors
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María
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María

En efecto, es triste darte cuenta que la necesidad de protagonismo de unos, no sólo hace que se pierda el objetivo de otros, si no que además arrastra a la desgracia a muchos, porque las consecuencias de un suicidio no son sólo la pérdida de un ser amado, deja muchas heridas por sanar… Ojalá que esta tragedia deje una enseñanza de conciencia en nuestra sociedad.

Roberto
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Roberto

Me gustó tu nota y me identifico con el sentido de tus palabras. Son tristes todos éstos acontecimientos y parece que es el destino de la sociedad vivir siempre confrontada y sin posibilidad de dignificarse. Quiero opinar que a lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de conocer grandes mujeres, amigas, familiares y compañeras sentimentales que de verdad admiro y aprecio mucho, y todas ellas tienen algo en común. Jamás han estado a favor del movimiento feminsta moderno y violento, ni han necesitado de éste para hacer valer sus derechos. Por el contrario han sabido impactar positivamente y… Read more »

Paul Roma
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Paul Roma

Distinguida Ana Fabiola Sánchez Campos: leí sus líneas conmovido porque permea en ellas el propio dolor de usted, se filtra como sangre de una herida no solo x lo que sucedió sino por lo que seguirá pasando si hiciéramos como si nada hubiera pasado. No pretendo prejuzgar pero quiero llamar la atención sobre dos hechos inquietantes en esta trama: Primero, nadie con salud mental se suicida por una acusación anónima aún cuando tal acto nos haga blanco de la doble moral de la sociedad y de las empresas que nos dan trabajo. Se nos olvida que una acusación no es… Read more »

La Redacción
Admin

Gracias Ana Fabiola, por tan hermoso artículo.