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La Redacción

La ilusión de Santa en los niños

15 diciembre, 2019

La ilusión de Santa en los niños. Desde el Siglo XVII comenzó a extenderse en el mundo Cristiano occidental la figura de un personaje que se ha convertido en una leyenda a través de los siglos, especialmente a partir del Siglo XIX la popularidad de este ser ha sido irrefutable, conocido como San Nicolas, Papa Noel, Santa Claus o simplemente Santa tiene la única misión de dar alegría y felicidad a todos los niños del mundo llevándoles regalos y dulces en la noche del 24 de diciembre en que se celebra la Nochebuena para amanecer el día 25 que se festeja la Navidad.

Si nos remontamos a los orígenes del personaje nos encontraríamos con una serie de historias y leyendas que van de lo sagrado a lo pagano, y explicar a Santa Claus seria quitarle la magia y el encanto que representa, Santa no debe ser explicado ni analizado, Santa debe ser simplemente amado, solo así, porque si, porque la figura con la que se le ha caracterizado es una figura bonachona, adorable, con un corazón de oro que aunque se le haya hecho la fama de que a los niños mal portados les dejaba un trozo de carbon, en realidad su naturaleza no le permitiría que no hubiese una sonrisa en el rostro de ningún niño en el mundo entero.

Sabemos que Santa Claus vive en el Polo Norte, que él, junto con sus duendecillos, pasa el año entero fabricando juguetes que habrá de repartir alrededor del mundo en una sola noche ayudado por sus renos que conducirán el trineo a cada punto de su destino.

Sabemos que Mamá Claus le prepara a Santa sus galletas favoritas las que le sirve acompañadas de un espumoso chocolate caliente con malvadiscos, igual sabemos que durante la breve visita que hace a los hogares, los ni~os del mundo le dejan por lo regular un vaso con leche y unas galletitas para que continue con energía su arduo recorrido de amor.

No, nosotros no vamos a recapitular la historia de los orígenes de Santa Claus, nosotros vamos a ensalzar la maravillosa figura que Santa representa y vamos a disfrutar no solo de él, sino de lo que el inspira en los niños que le llegan a ver, ya sea en estudios fotográficos, en centros comerciales o representado en películas y series televisivas, eso es lo que tomaremos de Santa, su eterna alegría, su risa contagiosa y franca y ese infinito amor por todos los niños del mundo, es con este bondadoso y regordete señor con el que nos regodeamos recordando nuestra propia infancia.

Nos quedamos con la magia que significa creer en el, crecemos y nos enfrentamos con la cotidianeidad, con la cruda realidad del día a día entre el trabajo, los compromisos, las obligaciones y nos vemos envueltos en ese maremagnum que es el mundo moderno, en ese ir y venir de contradicciones, acciones, inacciones y rutinas enajenantes y si nos detenemos un momento podremos aceptar que hemos dejado ir a ese ni~o que un día fuimos y que tuvo sueños y alegrías e ilusiones.

Esta época mas que ser una época de reflexión, debe ser una época de reencuentro con uno mismo, retomemos lo mas hermoso que recordamos de nuestra infancia ubicándonos en las fiestas navideñas, recordemos como todo el años hacíamos una que otra travesura y la voz de Mama diciéndonos: «No te va a traer nada Santa Claus» para regresarnos al buen comportamiento.

¿Como es que llegamos a conocer a Santa la primera vez? Seguramente nadie lo recuerda porque lo mas probable es que estuviéramos en brazos de mamá o en una sillita de bebe, pero una cosa es segura porque es algo que aun hoy en día podemos apreciar con solo observar un poco alrededor, hay una comunicación secreta entre Santa Claus y los niños, hay un lenguaje oculto que los adultos no percibimos pero que si observamos, lo entenderemos en la sonrisa franca y en la mirada intensa de un ni~o o de una niña cuando se encuentra con Santa Claus, los niños son sabios, los niños perciben lo que los adultos olvidamos al crecer… la magia de la ilusión, creer solo porque si, sin necesidad de razones, solo creer.

Recordemos el entusiasmo y emoción con el que le escribíamos la consabida carta pidiéndole nos trajera nuestros deseados juguetes no sin antes hacerle saber que ese año nos habíamos portado “muy bien” y le entregábamos ese tesoro de nuestros sueños secretos a nuestros papas para que enviaran esa cartita al Polo Norte por nosotros.

Llegaba la Nochebuena y como niños queríamos absolutamente todo, disfrutar de la reunión familiar, jugar con nuestros hermanos y primos, comer las delicias que entre la abuela y las mamas servían esa noche y con desesperación ya queríamos que dieran la 12 de la noche para desearnos Feliz Navidad, abrazarnos unos a otros y correr a la cama, era hora de dormir con la emoción de saber que durante nuestro sueño Santa Claus entraría sigilosamente a casa y dejaría nuestros regalos debajo del pino decorado con alegres luces y brillantes esferas.

Ningún día del año entero amanecía mas temprano que la mañana del día 25 de Diciembre, brincábamos como resorte de las camas apenas amaneciendo, los gritos y algarabía llenaban la casa de risas, los enormes ojos abiertos mas allá de lo normal por las sorpresas que encontrábamos bajo el árbol, las sonrisas amorosas y tiernas miradas de complicidad entre nuestros padres al ver la alegría con que rompíamos el papel de envoltura y aventábamos al aire los moños de los regalos, y obviamente queríamos estrenar todo antes incluso del desayuno.

El siguiente paso era igualmente excitante… salir a la calle con el juguete nuevo y era muy emocionante ver a nuestros amiguitos del barrio estrenando sus triciclos, o bicicletas, patines, vagonetas, patinetas, las ni~a jugando con sus muñecas o saltando la cuerda, la fiesta seguía todo el día… y al regreso a casa, antes de ir a cama, escribirle a Santa para darle las gracias, para prometerle seguir portándonos bien y desearle una muy muy Feliz Navidad.

MR. Navidad Super Escalada de Papá Noel (