“El silencio” y el surgimiento de las sense-films

“El silencio” y el surgimiento de las sense-films
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Estamos acostumbrados a ver la tragedia hasta en programas de entretenimiento. Hemos sido testigos innumerables veces de cómo la realidad supera con creces a la ficción. Por eso, es quizá cada vez más complicado encontrar un filme distópico que apele a la sensibilidad primitiva que como seres humanos poseemos. Lamentablemente, la nueva producción de Netflix “El Silencio” (The Silence), no es ninguna excepción.

La trama es sencilla de seguir pero se complica de forma innecesaria. En “El Silencio” vemos a Ally Andrews (Kiernan Shipka), una adolescente que hace apenas tres años queda sorda debido a un accidente automovilístico y ahora con su familia deben hacer frente a una plaga de criaturas aladas ciegas que atacan a todo lo que se mueve sobre la tierra a través del sonido. Mientras sucede esto, también deben enfrentarse en su camino con un grupo que profesa un culto religioso extraño, el cual intenta secuestrar a la chica.

Una cosa o la otra

La historia se desarrolla de manera atropellada y los acontecimientos muchas veces se presentan inconexos, generando así un pastiche anti-climático y bastante confuso. Comete el error de gestar un enemigo (las criaturas ciegas) del cual nunca se sabe su origen, aunque por algunas escenas se deduce que es a causa del mismo ser humano y la contaminación; la pregunta aquí no es si eso puede pasar en la vida real o no, sino ¿es eso acaso verosímil?.

Ese es un obstáculo que pocos filmes recientes han logrado superar, por lo que no es lo endeble de los personajes lo que perjudica realmente a la película, sino que los mismos creadores son conscientes de que esta primera parte no se sostiene por sí misma y en lugar de corregirla, “le pegan” una subtrama de lo más ilógica y verdaderamente no aporta nada a la obra: el enfrentamiento de la familia Andrews con un “culto del silencio.”

No está mal querer agregar algo innovador si te encuentras en un género muy socorrido o de moda, pero de ahí a combinar situaciones y tramas nomás porque sí y porque es ficción es totalmente diferente. Ambas ideas tenían potencial, incluso estando juntas sólo que aquí parece que una historia acabó antes de lo esperado y le añadieron otra que nunca logró compenetrarse.

Imagen: Netflix

Una película para cada sentido

Al parecer estamos ante el surgimiento de una nueva “tendencia” en las producciones distópicas de Netflix: los sense-films  (sigo trabajando en el nombre del término), estas películas que plantean una realidad en la que el ser humano vive restringido de algún sentido con tal de sobrevivir. Birdbox o Un lugar en silencio son claros ejemplos que anteceden a nuestro objeto de estudio, no obstante “El Silencio” no llega a desarrollarse plenamente como tal debido a que sigue enredada en dos tramas incoherentes.

La película quiere hacer un símil entre la sordera de la protagonista y su supuesta ventaja que tiene ahora que nadie puede hacer ruido por temor a ser atacados, sin embargo, esto queda en segundo plano ya que todos se ven en la misma situación y es más interesante ver cómo la familia va sorteando los peligros en lugar de pensar en Ally Andrews, en ese sentido el personaje principal es débil y lo que sucede alrededor de ella tampoco le ayuda, al contrario, jamás se encuentra en un momento decisivo o acción influyente.

Ni en la tragedia dejan su zona de confort

El atractivo principal de estos filmes es observar las vicisitudes de los personajes y qué es lo que son capaces de hacer en situaciones límite. He ahí la clave: “El Silencio” no tiene verdaderos retos y desesperanzas que mantengan nuestra atención. Todo fluye de manera armoniosa y sin dolor, manejan un coche, incluso su refugio es otra casa equipada ¡hasta con Wi-Fi! De nuevo se deja de lado lo plausible de la historia. Ojalá tuviera yo el tiempo de hacer una videollamada a mi mamá mientras escapo de un terremoto.

Eso hace que la producción se vea desangelada, en ningún momento se escenifica la pérdida real, el desamparo o la ansiedad que produce un evento como el que plantea la obra. Está todo tan anestesiado que cuando se presenta una muerte o un problema, no causa un sentimiento verdadero en los espectadores.

Basta de dejar cabos sueltos

Soy consciente que como artista no has de revelar todo a tu observador y siempre hay un espacio en blanco para diversas interpretaciones. Empero, eso no quiere decir que se descuiden elementos esenciales en la narrativa, o se omitan porque generan mayor confusión que interesantes hermenéuticas.

Regresando al tema del grupo de culto a la que la familia Andrews se enfrenta, vemos un ejemplo de lo antes mencionado. Podría decirse que se formó a raíz de los ataques de las criaturas, los locos jamás dejarán de existir, no obstante no hay mucho margen de tiempo entre la nueva pandemia y el surgimiento de este grupo religioso. Es como si apareciesen a la vez, lo cual también cae en la inverosimilitud.

Una vez vencido ese obstáculo, la familia llega a un refugio quién sabe cómo y quién sabe dónde ni cómo descubrieron que las criaturas temen al frío… Si esto se lee muy accidentado es porque de esa forma así se presenta y lo que es peor, ¡así termina! dejando al espectador sin el menor rastro de conmoción o sensación de misterio resuelto.

En fin, si Netflix va a seguir produciendo estas distopías, será mejor que busque mejores novelas de referencia o trabaje en otro sentido sus adaptaciones. Sino, van a acabar haciendo una película de terror incluyente, gluten free, sin maltrato animal, etc. pero que no asusta para nada. Tal vez ese sea el verdadero horror, y no pinta muy bien.

Leave a Reply

avatar
  Subscribe  
Notify of