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La Redacción

Día de muertos, reflexiones

11 diciembre, 2019

El día de muertos es una celebración popular de las culturas mesoamericanas que habitaban el territorio mexicano antes de la llegada de los españoles, como las etnias mexica, maya, mixteca, texcocana, zapoteca, tlaxcalteca y totonaca para memorar a los difuntos; se celebra el 2 de noviembre, aunque se empieza a celebrar desde el día primero. Según el calendario mixteca, se celebraba durante el noveno mes del año solar.

Esta celebración ha perdurado luego de la llegada de los españoles y del proceso de evangelización, es un intento de conciliar doctrinas distintas, la mesoamericana con la católica, coincidiendo en esta última como el Día de Todos los Santos, el primero de noviembre, y el Día de los Fieles Difuntos, el día 2 del mismo mes.

A los difuntos, se los regala con todo tipo de ofrendas y se levanta un altar en su memoria dentro de las casas, el ritual tiene como objeto honrar y celebrar la vida de los antepasados, de los muertos queridos familiares, sobre todo, pero también de personajes ejemplares o héroes o artistas famosos.

Nuestra cultura e idiosincrasia tan especial del mexicano, lo festeja tanto como un día de recogimiento y oración, como de fiesta, y en ocasiones mezclado con tradiciones de otros países o de tramas publicitarias.

La creencia principal es su presencia, ya que ese día regresan a casa para estar con sus parientes, admiradores, seguidores y para nutrirse o agasajarse con las ofrendas que se les han preparado en un altar, donde, además, en muchas ocasiones, incluye su foto o alguna imagen u objeto que lo o los recuerda.

Según la tradición, el día primero de noviembre se dedica a los que murieron siendo niños y el día 2 a los que murieron en edad adulta. También el día 28 de octubre se recibe a quienes murieron a causa de un accidente, mientras el 30 del mismo mes son los niños que murieron sin recibir bautizo los que llegan.

Nuestra festividad es considerada por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, nosotros, los mexicanos, la tenemos como símbolo de identidad nacional.

El apego a esos seres que ya se fueron, en muchas personas o familias es causa de dolor, tristeza, recuerdos que en ocasiones hacen que nos anclemos en recuerdos de una pasado que ya no está, solo está su legado permaneces

Pero, qué pasaría si en vez de esto, consideramos que, para estos días y solo por esta vez.

No tendré flores ni altar, no prenderé velas ni haré oraciones, de hecho, no tengo muertos en la familia, tengo personas que se han ido, pero que su sangre fluye por mis venas, que siguen aquí, conmigo, en mis recuerdos.

No habrá calaveras ni flores, tan sólo festejos por haber convivido con personas valiosas que sólo se adelantaron a la presencia de DIOS.

Para este día de muertos no tengo lágrimas, tengo agradecimiento, no hay tristezas sólo recuerdos, si algo yace en mis sepulcros familiares son evidencias de quienes aún dan vida a mi vida con su legado.

No usaré este día de muertos para meditar sobre la muerte, agradeceré la oportunidad de la vida, en mi casa todos son bienvenidos, sobre todo los recuerdos de las personas que ya no están físicamente.

No adornaré la casa con motivos fúnebres, abriré mis cortinas para que la bendición del sol entre y acaricie mi vida.

Hablaré directamente con DIOS, el de mi interior, el que yace en todos nosotros, el omnipresente, para pedirle por mis vivos.

Este día y para el resto de mis días, pensaré en la muerte para valorar la vida, mi ofrenda será tratar de ser mejor y mi incienso una sonrisa sincera para los demás, seré feliz, seré un ser de luz a través de su legado.

Abrazaré aquellos que tienen muerta la esperanza, que han perdido la paz o se les murió la fe y la confianza.

Hoy tendré tantas gracias que dar, daré un réquiem a mi tristeza y colocaré un epitafio en mi puerta que diga:

“Aquí yace y vive una persona que no quiere morir en vida, que vive y disfruta la vida, que es feliz y no olvida su legado y sus raíces»

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